Menopausia: una nueva etapa para cuidar la salud de la mujer
Información, prevención y tratamientos individualizados para vivir esta etapa con bienestar.
La menopausia es una etapa natural de la vida de la mujer, pero sus efectos sobre la salud pueden ser muy diferentes de una persona a otra. Sofocos, sudoraciones nocturnas, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, síntomas genitourinarios y modificaciones en la composición corporal son algunas de las manifestaciones que pueden aparecer durante la transición menopáusica.
Hoy sabemos que la atención de la mujer en esta etapa no debe limitarse al tratamiento de los síntomas. La menopausia también representa una oportunidad para revisar la salud cardiovascular, ósea, metabólica, sexual y emocional, y para promover hábitos que favorezcan un envejecimiento saludable.
¿Qué es realmente la menopausia?
La menopausia corresponde al cese permanente de la menstruación como consecuencia de la pérdida de la actividad ovárica. Se diagnostica retrospectivamente después de 12 meses consecutivos sin menstruación, cuando no existe otra causa que explique la amenorrea.
En mujeres mayores de 45 años con síntomas y cambios característicos en el patrón menstrual, el diagnóstico suele ser clínico, por lo que no es necesario solicitar de rutina pruebas hormonales como FSH o estradiol.
La etapa que precede a la menopausia se conoce como transición menopáusica o perimenopausia y puede comenzar varios años antes de la última menstruación.
Dato clave: la menopausia no es una enfermedad. Es una transición biológica normal que puede acompañarse de síntomas que, cuando afectan la calidad de vida, merecen atención y tratamiento.
Más allá de los sofocos
Los síntomas vasomotores —principalmente sofocos y sudoraciones nocturnas— son unas de las manifestaciones más frecuentes de la transición menopáusica. Sin embargo, no son las únicas.
Durante esta etapa también pueden aparecer:
- Alteraciones del sueño y cansancio.
- Irritabilidad, ansiedad o cambios en el estado de ánimo.
- Dificultad para concentrarse o sensación de "niebla mental".
- Sequedad vaginal y dolor durante las relaciones sexuales.
- Urgencia, frecuencia o molestias urinarias.
- Infecciones urinarias recurrentes.
- Cambios en el deseo y la función sexual.
- Aumento de grasa abdominal y pérdida de masa muscular.
- Dolor articular y disminución de la fuerza.
- Pérdida acelerada de masa ósea.
La intensidad y duración de estos síntomas varían ampliamente. Algunas mujeres presentan pocas molestias, mientras que otras pueden experimentar síntomas que afectan significativamente su descanso, vida laboral, relaciones personales y bienestar emocional.
Una oportunidad para cuidar la salud integral
La consulta de menopausia debe ir más allá de preguntar por los sofocos.
Es una oportunidad para valorar factores de riesgo cardiovascular, presión arterial, peso y composición corporal, actividad física, alimentación, salud ósea, sueño, salud mental y función sexual. También permite revisar las estrategias de prevención y los programas de tamización correspondientes a la edad y al riesgo individual.
Los hábitos saludables son fundamentales. La actividad física regular, incluyendo ejercicios de fuerza, una alimentación equilibrada, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol y mantener un peso saludable contribuyen a proteger la salud cardiovascular, muscular y ósea.
¿Sabía que...? La pérdida de masa ósea se acelera alrededor de la transición menopáusica, por lo que esta etapa constituye una oportunidad importante para identificar factores de riesgo de osteoporosis y prevenir fracturas.
¿Todas las mujeres necesitan tratamiento?
No.
El tratamiento debe indicarse cuando los síntomas generan un impacto significativo o cuando existe una indicación específica. La decisión debe ser individualizada y considerar la edad, el tiempo transcurrido desde la menopausia, los antecedentes médicos, los factores de riesgo y las preferencias de la mujer.
No existe un único tratamiento adecuado para todas.
Terapia hormonal de la menopausia
La terapia hormonal de la menopausia (THM) continúa siendo el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores moderados o severos. También puede ser beneficiosa para el síndrome genitourinario y para prevenir la pérdida ósea en mujeres seleccionadas.
En general, el balance entre beneficios y riesgos suele ser más favorable en mujeres menores de 60 años o dentro de los primeros 10 años posteriores a la menopausia que presentan síntomas y no tienen contraindicaciones.
La terapia hormonal puede utilizar estrógenos solos o asociados a un progestágeno. Cuando la mujer conserva el útero, los estrógenos sistémicos deben acompañarse de una protección endometrial adecuada.
La elección del tratamiento debe tener en cuenta, entre otros aspectos:
- Edad y tiempo desde la menopausia.
- Presencia o ausencia de útero.
- Antecedentes de cáncer de mama u otros cánceres hormonodependientes.
- Riesgo cardiovascular y trombótico.
- Enfermedad hepática.
- Tipo, dosis y vía de administración.
- Síntomas predominantes y preferencias de la paciente.
Importante: la terapia hormonal no debe utilizarse de manera rutinaria para prevenir enfermedad cardiovascular, demencia o como tratamiento general contra el envejecimiento.
¿Y si no se puede o no se desea utilizar hormonas?
Existen alternativas no hormonales para el manejo de los síntomas vasomotores. Entre ellas se encuentran determinados fármacos antidepresivos, neuromoduladores y tratamientos dirigidos a los mecanismos neuroendocrinos responsables de los sofocos, como los antagonistas del receptor de neuroquinina 3.
Para los síntomas genitourinarios pueden utilizarse lubricantes e hidratantes vaginales y, en pacientes seleccionadas, tratamientos locales con estrógenos u otras alternativas.
La elección depende de los síntomas, los antecedentes médicos, las contraindicaciones y las preferencias de cada mujer.
El síndrome genitourinario: un tema que debemos preguntar
La sequedad vaginal, el ardor, el dolor durante las relaciones sexuales, la urgencia urinaria y las infecciones urinarias recurrentes pueden estar relacionados con el síndrome genitourinario de la menopausia.
Muchas mujeres no consultan espontáneamente por estos síntomas, bien sea por vergüenza o porque consideran que son una consecuencia inevitable de la edad.
No es necesario resignarse al dolor o al malestar.
Una conversación abierta con el profesional de salud permite identificar estos problemas y ofrecer alternativas terapéuticas.
La menopausia no debe vivirse en silencio
Uno de los cambios más importantes en la atención de la menopausia es pasar de una visión centrada exclusivamente en la enfermedad a un modelo de salud integral de la mujer.
No se trata de medicalizar una etapa natural, pero tampoco de minimizar síntomas que pueden afectar profundamente la calidad de vida.
La mejor atención combina información confiable, prevención, cambios en el estilo de vida y tratamientos individualizados cuando están indicados.
Mensaje de ASOCALOG
La menopausia es una etapa natural de la vida, pero no significa que la mujer deba aceptar síntomas que afectan su bienestar.
Consultar oportunamente permite evaluar los síntomas, identificar factores de riesgo y conocer las diferentes alternativas disponibles.
La decisión sobre iniciar o no un tratamiento debe tomarse de manera individualizada y compartida entre la mujer y su profesional de salud, teniendo en cuenta la mejor evidencia científica disponible.
Para recordar
- La menopausia no es una enfermedad.
- No todas las mujeres necesitan tratamiento.
- Los síntomas que afectan la calidad de vida merecen atención.
- La terapia hormonal puede ser una opción segura y eficaz en mujeres seleccionadas.
- La prevención cardiovascular y ósea debe hacer parte de la atención integral.
- Cada mujer necesita una valoración individual.
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